Querido amigo:
Hoy fui a visitarte, como todos
los jueves, y al tocar el timbre de tu casa, tu mamá me dijo que no te sentías
muy bien, que estabas en cama y que no habías querido comer hace un par de días. Agradezco que me hayas respondido al teléfono
y la confianza que tuviste al contarme que te sentías abatido porque, hace dos
semanas, Laura y tú decidieron terminar su relación, después de 10 años de
convivencia.
Antes que nada, quiero decirte
que me apena lo sucedido y, aunque suene a cliché, siento que debo decirte que siempre
todo pasa por una razón. Quizás en este
momento te sientes muy mal y piensas, como me dijiste, que el mundo se acabó
pero, la verdad, es que este es solo un evento más en el camino de la
vida. Estoy segura que vendrá para ti
algo muy bueno en tu ruta. A veces nos
suceden eventos, entre comillas, malos solo para que un poco más adelante se dé algo maravilloso en nuestras vidas y/o lo valoremos; sin embargo, es
importante que en este momento tengas aceptación y confianza en que todo lo que
sucede es parte de un orden perfecto.
Mi muy querido amigo, al
conversar contigo hice memoria de épocas pasadas en las cuales me deprimí. Estaba pasando por un periodo de duelo, al
haber terminado una relación importante en mi vida. En aquella oportunidad, acudí a una psicóloga
y también recibí medicación, para salir adelante. Algo similar a lo que estás atravesando actualmente. En esa época, leí sobre este tema y descubrí
que hay varios tipos de depresión y que alrededor del 20% de la población
mundial la padece; sin embargo, en todos los casos ésta es una dolencia del
alma. Personalmente, y basada en mi
propia experiencia, no estoy a favor del uso de medicamentos.
Creo, más bien, que es necesario
ir a la raíz del asunto. Asimismo,
considero que esta enfermedad está muy relacionada con el ego, ya que nos ensimismamos
en nosotros mismos y nos hundimos. Una
forma de cambiar o trasmutar este estado es pasar de una vibración baja a una
alta. Por ejemplo: si sentimos que nos
duele el que una persona no nos ame; entonces, salgamos a la calle y busquemos
brindar amor a las personas haciendo algo concreto por ellas. No tiene que ser algo complicado, puede ser
ayudar a una anciana a atravesar la calle, por ejemplo. Esto tiene una doble ventaja porque disipa
nuestra mente y transmuta los pensamientos negativos por la alegría de dar.
Igualmente, otra cosa que debemos
considerar es que nosotros somos los artífices de nuestra propia realidad, es
decir, nosotros co-creamos y construimos nuestro destino. Cada cosa que nos sucede, las personas con
las que nos relacionamos, etc. son parte de esto. De tal manera que, no somos
víctimas. Es importante ser conscientes
de esto, para que podamos tomar las riendas de nuestra vida, con
responsabilidad (no culpabilidad).
Por
otro lado, es importante tener presente que, si optamos por esta
realidad durante mucho tiempo, terminaremos dañando nuestro cuerpo físico, ya que, como lo
comentamos el otro día, las enfermedades tienen un origen emocional. Por tal motivo, debemos estar alertas si aparecen síntomas como: irritabilidad, disminución del interés o de la
capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, pérdida
importante de peso sin hacer régimen, o aumento de peso, insomnio o hipersomnia, agitación o enlentecimiento
psicomotores, fatiga o pérdida de energía casi cada día, sentimientos de
inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados, disminución de la capacidad
para pensar o concentrarse, o indecisión, pensamientos recurrentes de muerte,
idea de suicidio recurrente sin un plan específico para suicidarse.
En
conclusión, recuerda que eres un ser único, con valores interiores
excepcionales. Está en ti retomar el control de tu vida, ya que sólo tú tienes la potestad de
“soltar” o de “luchar”. Cuentas con todo lo necesario para cambiar tu destino. Toma en cuenta que al responsabilizarte
adquieres libertad.

