jueves, 12 de noviembre de 2015

Carta a mi querido amigo: La depresión espejo del ego

Querido amigo:

Hoy fui a visitarte, como todos los jueves, y al tocar el timbre de tu casa, tu mamá me dijo que no te sentías muy bien, que estabas en cama y que no habías querido comer hace un par de días.  Agradezco que me hayas respondido al teléfono y la confianza que tuviste al contarme que te sentías abatido porque, hace dos semanas, Laura y tú decidieron terminar su relación, después de 10 años de convivencia.

Antes que nada, quiero decirte que me apena lo sucedido y, aunque suene a cliché, siento que debo decirte que siempre todo pasa por una razón.  Quizás en este momento te sientes muy mal y piensas, como me dijiste, que el mundo se acabó pero, la verdad, es que este es solo un evento más en el camino de la vida.  Estoy segura que vendrá para ti algo muy bueno en tu ruta.  A veces nos suceden eventos, entre comillas, malos solo para que un poco más adelante se dé algo maravilloso en nuestras vidas y/o lo valoremos; sin embargo, es importante que en este momento tengas aceptación y confianza en que todo lo que sucede es parte de un orden perfecto.

Mi muy querido amigo, al conversar contigo hice memoria de épocas pasadas en las cuales me deprimí.  Estaba pasando por un periodo de duelo, al haber terminado una relación importante en mi vida.  En aquella oportunidad, acudí a una psicóloga y también recibí medicación, para salir adelante.  Algo similar a lo que estás atravesando actualmente.  En esa época, leí sobre este tema y descubrí que hay varios tipos de depresión y que alrededor del 20% de la población mundial la padece; sin embargo, en todos los casos ésta es una dolencia del alma.  Personalmente, y basada en mi propia experiencia, no estoy a favor del uso de medicamentos. 

Creo, más bien, que es necesario ir a la raíz del asunto.  Asimismo, considero que esta enfermedad está muy relacionada con el ego, ya que nos ensimismamos en nosotros mismos y nos hundimos.  Una forma de cambiar o trasmutar este estado es pasar de una vibración baja a una alta.  Por ejemplo: si sentimos que nos duele el que una persona no nos ame; entonces, salgamos a la calle y busquemos brindar amor a las personas haciendo algo concreto por ellas.  No tiene que ser algo complicado, puede ser ayudar a una anciana a atravesar la calle, por ejemplo.  Esto tiene una doble ventaja porque disipa nuestra mente y transmuta los pensamientos negativos por la alegría de dar.

Igualmente, otra cosa que debemos considerar es que nosotros somos los artífices de nuestra propia realidad, es decir, nosotros co-creamos y construimos nuestro destino.  Cada cosa que nos sucede, las personas con las que nos relacionamos, etc. son parte de esto. De tal manera que, no somos víctimas.  Es importante ser conscientes de esto, para que podamos tomar las riendas de nuestra vida, con responsabilidad (no culpabilidad).

Por otro lado, es importante tener presente que, si optamos por esta realidad durante mucho tiempo, terminaremos dañando nuestro cuerpo físico, ya que, como lo comentamos el otro día, las enfermedades tienen un origen emocional.  Por tal motivo, debemos estar alertas si aparecen síntomas como: irritabilidad, disminución del interés o de la capacidad para el placer en todas o casi todas las actividades, pérdida importante de peso sin hacer régimen, o aumento de peso, insomnio o hipersomnia, agitación o enlentecimiento psicomotores, fatiga o pérdida de energía casi cada día, sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados, disminución de la capacidad para pensar o concentrarse, o indecisión, pensamientos recurrentes de muerte, idea de suicidio recurrente sin un plan específico para suicidarse.

En conclusión, recuerda que eres un ser único, con valores interiores excepcionales. Está en ti retomar el control de tu vida, ya que sólo tú tienes la potestad de “soltar” o de “luchar”. Cuentas con todo lo necesario para cambiar tu destino. Toma en cuenta que al responsabilizarte adquieres libertad.

Entonces, ¿Qué te parece si vamos al cine a ver la última película de Brad Pitt? 


jueves, 5 de noviembre de 2015

Carta a mi querido amigo: reconoce a tu verdadero yo a través del desapego

Querido amigo:

No tienes idea del gusto que me da verte hoy porque esta semana ha sido, literalmente, de locos.  Muchos cambios se han dado de manera abrupta y ahora ando en el proceso de asimilarlos; sin embargo, me siento feliz de poder compartir este tiempo contigo, para poder profundizar algunos temas que en la vida diaria muchas veces pasamos por alto.

Y, justamente, con relación al tema que quería conversar hoy contigo, viniendo para acá recordé algo que pasó hace algunos años con mi hija, Cami.  Resulta que ella estaba por hacer un viaje con su papá a Estados Unidos y a último momento recordó que no tenía una casaca abrigadora.  Entonces, me acordé que yo tenía una blanca, de plumas, era mi preferida, y se la presté y le advertí que la cuidara.  Para hacer corta la historia, la dejó en un hotel al final de viaje.  No te imaginas cómo me puse.  No es algo de lo que me jacte precisamente…  Lloré como una “magdalena” y la grité.  El apego era increíble.  Años más tarde, cuando ya había empezado a trabajar ciertas cosas en mi vida, sucedió algo similar pero en otras circunstancias y mi reacción fue algo así como: “bueno, qué se le va a hacer, se perdió”.

En tal sentido, y hablando del mundo material, vivimos en una sociedad de consumo que poco a poco ha ido transformado lo que es accesorio en “necesario”.  El apego tiene diversas formas, es decir, podemos sentir apego por personas, animales u objetos que tengan algún valor sentimental pero también, tiene relación con el acogimiento de nuestras creencias o formas de hacer las cosas.  Por tal motivo, el apego nos limita causándonos sufrimiento.  Éste tiene su base en temor e inseguridad por falta de conocimiento de nosotros mismos.  Es un estado emocional que nos vincula, a veces compulsivamente, a una cosa, persona o pensamiento, que genera la creencia de que sin él no se puede ser feliz.

Ahora bien, ¿cómo desapegarnos?, es decir, ¿cómo desprendernos de nuestro interés por un resultado, sin renunciar a la intención que le ponemos; abriéndonos a lo desconocido y a  un sinfín de posibilidades?   El desapego se logra viviendo el presente, el aquí y el ahora, aceptando la realidad y lo que sucede.  Tiene que ver con disfrutar de las cosas, que a su vez, son transitorias y cambiantes.  Los niños crecerán, algunos amigos dejarán de serlo y algunos amores se irán. Debemos aprender a afrontar esto con integridad; sin embargo, lo que no cambia es nuestra capacidad de querer, que empieza por querernos a nosotros mismos.

Por otro lado, el desapego no significa que nada nos importe sino, más bien, aprender a amar, preocuparnos e involucrarnos sin generar un caos interno.  Significa dejar de lado la necesidad de poseer para ser felices.  El desapego nos libera y nos hace ser flexibles sin la barrera de la certidumbre.  Asimismo, implica tener el coraje de tomar conciencia de que las pérdidas pasan y son inevitables.

Igualmente, debemos ser conscientes que nosotros mismos somos responsables de nuestra existencia y de lo que hacemos.  Esto implica asumir nosotros mismos el cultivar nuestra propia felicidad, no depende de nadie más.  Paralelamente, debemos aprender a perdonar, para sentirnos liberados y centrarnos en el aquí y ahora.

De otra parte, el desapego implica NO hacerte responsable de la vida de otros y tampoco aceptar que otros te impongan sus “cadenas” para atarte a ellos.

Finalmente, llego a la conclusión que nosotros no tenemos el control de nada.  Es el Universo, la Fuente, Dios o como se prefiera llamar quien realmente dispone de todo lo que sucede.  ¿Tú qué opinas, mi amigo?